- ¿Por qué lloras? - le pregunto la oca.
- Por que el viento bandido
se ha llevado las rayas de mi vestido
- respondió ella, sollozando.
- Acércate. Ataré a tu espalda
el cordón de mi botín
e iremos los dos mucho mejor.
La oca se fue feliz, descalza de la pata
que tenia espachurrada.
Camila ya había andado mucho cuando, por fin,
llegó a su casa con un anillo en la pata,
una rayita de plata, un lindo remiendo azul,
una puntilla de tul, una cuerda de violín,
un gran cordón de botín...
y un casi nada de pena.
- Por que el viento bandido
se ha llevado las rayas de mi vestido
- respondió ella, sollozando.
- Acércate. Ataré a tu espalda
el cordón de mi botín
e iremos los dos mucho mejor.
La oca se fue feliz, descalza de la pata
que tenia espachurrada.
Camila ya había andado mucho cuando, por fin,
llegó a su casa con un anillo en la pata,
una rayita de plata, un lindo remiendo azul,
una puntilla de tul, una cuerda de violín,
un gran cordón de botín...
y un casi nada de pena.