ALBARES: Al nombrar al ratón, la doncella, abrió los oídos:...

Al nombrar al ratón, la doncella, abrió los oídos: el ratón fue su marido. ¿Un ratón? Sí, señores, un ratón. Golpes son estos muy frecuentes del caprichoso amor; buenos testigos Fulana y Mengana: dicho sea esto entre nosotros.