Salgan cigüeñas con orden águilas, grullas y garzas, gavilanes y abutardas, lechuzas, mochuelos y grajas.
Antonio les dijo entonces: señores, nadie se agravie, los pajarillos no marchan hasta que yo se lo mande.
Acudió el señor obispo con grande acompañamiento, quedando todos confusos al ver tan grande portento.
El hijo le contestó: padre, no tenga cuidado, que para que no hagan daño, todos los tengo encerrados.
Para que mejor yo pueda cumplir con mi obligación, voy a encerraros a todos dentro de esta habitación.