EL FIN DEL MUNDO.-
III – EL DIA FINAL
En las horas previas al alba, todos los hombres y mujeres del pueblo despiertos con los ojos abiertos como platos, atisbaban las rendijas de los ventanucos, intentando discernir, con un hálito de esperanza, la llegada del día, nunca las horas fueron tan largas.
Parecía que había algo de claridad, de pronto, creyeron escuchar el canto de un gallo, quizá fuera una ilusión, pero no, esta vez el canto se oyó limpio y claro, seguido de otros y otros.
¡Que alegría, se hacía de día, por fin el sol despuntaba¡, pero.. De nuevo el pesar, sólo algunos sostuvieron que el comienzo del fin sería anunciado por la ausencia del sol.
Lentamente la mañana fue pasando, las campanas no tocaron llamando a misa, tampoco lo hicieron a la hora del Angelus, las calles seguían desiertas, los padres retenían a los niños en casa, sin dejarles salir, mientras tanto, los restos intactos de comida de la cena permanecían en las mesas.
Entrada la tarde, poco a poco, algunas ventanas, medrosas, empezaron a abrirse, las gentes del pueblo empezaban a albergar una vaga ilusión: y si no fuese cierto y si todo fuera un bulo, pero aún quedaba mucho día por pasar..
Tampoco sonaron las campanas tocando a oración, la noche cayó lentamente, las horas se hacían interminables, las manos cogidas, las miradas fijas, perdidas, ¿sería mentira?; el fin del día se acercaba.
Las gentes empezaron a salir de sus casas, apenas se separaban de éstas, sólo unos pasos, los justos para divisar a sus vecinos a la luz de la luna, para hablar con ellos, la ilusión aumentaba, un rumor de esperanza se iba extendiendo por el pueblo.
Quedaba apenas una hora para que el día acabase, la hora más larga, del día mas largo, eterna, interminable…
Por fin la algazara, los gritos, las palmas, los abrazos entre lágrimas de alegría, primero en familia, luego con todos; los tiros de escopeta al aire, y las campanas al fin tocando a gloria.
MENTIRA, MENTIRA, MENTIRA… el mundo seguía, la vida del pueblo continuaba.
Aquella noche, pasadas las doce, el casino se abrió, los tostones sirvieron de aperitivo para dar cuenta del vino; cuando las existencias se acabaron, desandando en parte el camino, el vino regalado por la Pura y Bartolo, fue llevado por los vecinos al casino. Baco, al contrario que Morfeo la noche anterior, fue generoso con todos. Incluso la mujer de nuestra historia, con el niño dormido entre sus brazos y la niña agarrada a su falda, radiante y feliz, tomó un vaso por primera vez en su vida.
Mientras tanto, sola en su casa, Josefa la ciega, con el crucifijo que llevaba al cuello, cogido entre sus manos, daba gracias a Dios y tejía en su mente, verso a verso, la mejor de sus historias.
Esa historia, olvidada con el paso del tiempo, o que acaso anide dormida, como un vago recuerdo, en las gentes del pueblo que aún están con nosotros y que esos tiempos vivieron, fue, sin duda, más bella que la que ahora os cuento.
A mis abuelos.
A mis padres. En especial a mi madre, sin cuyos recuerdos no hubiera podido escribir esta historia.
Nota: He comprobado por varias fuentes la veracidad de la creencia de que se acercaba el fin del mundo, así como el reparto del vino por Bartolo y la Pura. Estoy intentando ubicar en el tiempo, la fecha y la época del año aproximadas, en que se produjo, para ello os pido ayuda. Creo tener acotado, por la casa en la que vivían mis abuelos, más o menos, los años en los que pudieron suceder los hechos principales (1928, 1929 ó, como máximo 1930). El resto es literatura, si a lo que escribo puede dársele ese nombre.
Nota dos.- Dada la imprecisión de la fecha, os habéis parado a pensar que esa mágica noche, la previa al fin, pudo ser un comienzo, la causa de que algunos de los participantes del foro estén con nosotros.
Un abrazo a todos.
MCMLV.
III – EL DIA FINAL
En las horas previas al alba, todos los hombres y mujeres del pueblo despiertos con los ojos abiertos como platos, atisbaban las rendijas de los ventanucos, intentando discernir, con un hálito de esperanza, la llegada del día, nunca las horas fueron tan largas.
Parecía que había algo de claridad, de pronto, creyeron escuchar el canto de un gallo, quizá fuera una ilusión, pero no, esta vez el canto se oyó limpio y claro, seguido de otros y otros.
¡Que alegría, se hacía de día, por fin el sol despuntaba¡, pero.. De nuevo el pesar, sólo algunos sostuvieron que el comienzo del fin sería anunciado por la ausencia del sol.
Lentamente la mañana fue pasando, las campanas no tocaron llamando a misa, tampoco lo hicieron a la hora del Angelus, las calles seguían desiertas, los padres retenían a los niños en casa, sin dejarles salir, mientras tanto, los restos intactos de comida de la cena permanecían en las mesas.
Entrada la tarde, poco a poco, algunas ventanas, medrosas, empezaron a abrirse, las gentes del pueblo empezaban a albergar una vaga ilusión: y si no fuese cierto y si todo fuera un bulo, pero aún quedaba mucho día por pasar..
Tampoco sonaron las campanas tocando a oración, la noche cayó lentamente, las horas se hacían interminables, las manos cogidas, las miradas fijas, perdidas, ¿sería mentira?; el fin del día se acercaba.
Las gentes empezaron a salir de sus casas, apenas se separaban de éstas, sólo unos pasos, los justos para divisar a sus vecinos a la luz de la luna, para hablar con ellos, la ilusión aumentaba, un rumor de esperanza se iba extendiendo por el pueblo.
Quedaba apenas una hora para que el día acabase, la hora más larga, del día mas largo, eterna, interminable…
Por fin la algazara, los gritos, las palmas, los abrazos entre lágrimas de alegría, primero en familia, luego con todos; los tiros de escopeta al aire, y las campanas al fin tocando a gloria.
MENTIRA, MENTIRA, MENTIRA… el mundo seguía, la vida del pueblo continuaba.
Aquella noche, pasadas las doce, el casino se abrió, los tostones sirvieron de aperitivo para dar cuenta del vino; cuando las existencias se acabaron, desandando en parte el camino, el vino regalado por la Pura y Bartolo, fue llevado por los vecinos al casino. Baco, al contrario que Morfeo la noche anterior, fue generoso con todos. Incluso la mujer de nuestra historia, con el niño dormido entre sus brazos y la niña agarrada a su falda, radiante y feliz, tomó un vaso por primera vez en su vida.
Mientras tanto, sola en su casa, Josefa la ciega, con el crucifijo que llevaba al cuello, cogido entre sus manos, daba gracias a Dios y tejía en su mente, verso a verso, la mejor de sus historias.
Esa historia, olvidada con el paso del tiempo, o que acaso anide dormida, como un vago recuerdo, en las gentes del pueblo que aún están con nosotros y que esos tiempos vivieron, fue, sin duda, más bella que la que ahora os cuento.
A mis abuelos.
A mis padres. En especial a mi madre, sin cuyos recuerdos no hubiera podido escribir esta historia.
Nota: He comprobado por varias fuentes la veracidad de la creencia de que se acercaba el fin del mundo, así como el reparto del vino por Bartolo y la Pura. Estoy intentando ubicar en el tiempo, la fecha y la época del año aproximadas, en que se produjo, para ello os pido ayuda. Creo tener acotado, por la casa en la que vivían mis abuelos, más o menos, los años en los que pudieron suceder los hechos principales (1928, 1929 ó, como máximo 1930). El resto es literatura, si a lo que escribo puede dársele ese nombre.
Nota dos.- Dada la imprecisión de la fecha, os habéis parado a pensar que esa mágica noche, la previa al fin, pudo ser un comienzo, la causa de que algunos de los participantes del foro estén con nosotros.
Un abrazo a todos.
MCMLV.