El PP se aferra a lo inverosimil
A raíz de los trabajos de la Comisión Parlamentaria sobre el 11-M, pocas conclusiones nuevas han aparecido sobre lo fundamental del tema: El PP no sólo no rectifica, sino que continúa pensando en ETA como autora, como autora "intelectual" (?) o como colaboradora. El resto de grupos parlamentarios, como la mayoría de ciudadanos sabe que el atentado de Madrid fue obra del terrorismo internacional de origen islámico, cosa que el Gobiero quiso ocultar por fines meramente electorales. Y estas afirmaciones de los dirigentes del PP, absurdas ya a esta altura de la película, no las hacen con humildad, o incluso con normalidad, las hacen con el mismo tono orgulloso, chulesco, casi amenazante, que usaban cuando estaban en en poder. No aprenden, o no quieren aprender, o no quieren reconocer que algo han aprendido.
Me consta que las querencias ideológicas y políticas del personal condicionan sus entendederas. Los hay que odian al PSOE con tan negra bilis -melancolía, dicho en griego- que están dispuestos a dar por buenas las acusaciones más disparatadas y desprovistas de fundamento, con tal de que perjudiquen al partido de sus furores. Lo mismo pero al revés puede decirse de muchísimos enemigos jurados del PP: que admiten cualquier imputación que se dirija contra los jefes de ese partido, por muy traída por los pelos que resulte. Lo sé. Pero, con todo y con eso, no deja de asombrarme la capacidad que tienen algunos para cerrar los ojos a la realidad, incluso a la más llamativa, cuando lo que ven no les conviene. Como en la sentencia atribuida a Hegel: "Si los hechos me contradicen, peor para los hechos", dice Javier Ortiz en un artículo publicado en "El Mundo", titulado "Sin indicios de lo inverosímil", en el que afirma también:
Es obvio que la versión oficial de los atentados del 11-M -la que la mayoría parlamentaria da por buena- deja sin aclarar o aporta explicaciones insatisfactorias de diversos aspectos de importancia. Pero apoyarse en las insuficiencias de una investigación que aún no ha concluido para conceder carta de naturaleza a la hipótesis de que la «autoría intelectual» de los atentados corresponde a ETA supone descender bastante por debajo de los límites mínimos de la racionalidad.
Ya sé que les vendría tan bien que ETA hubiera tenido algo que ver en el 11-M como mal les viene que haya sido obra de un comando islamista. Pero es patético su empeño en sustituir la realidad con sus deseos. Saben que la Policía no ha encontrado hasta ahora nada que invite a apuntar en esa dirección, por más que los presuntos autores de los atentados fueran dejando tras de sí un reguero de llamadas telefónicas detectadas y de agendas bien nutridas. De acuerdo en que nunca conviene descartar ninguna hipótesis, pero no es inteligente desconfiar de lo que se sabe en nombre de las infinitas posibilidades de lo que cabe elucubrar.
Trato de imaginarme a ETA subcontratando a un comando islamista que, una vez cogido en falta, se suicida. Si me dijeran que tienen pruebas de que es eso lo que ocurrió, exigiría que me las enseñaran. Como para aceptarlo cuando ni siquiera hay indicios.
A raíz de los trabajos de la Comisión Parlamentaria sobre el 11-M, pocas conclusiones nuevas han aparecido sobre lo fundamental del tema: El PP no sólo no rectifica, sino que continúa pensando en ETA como autora, como autora "intelectual" (?) o como colaboradora. El resto de grupos parlamentarios, como la mayoría de ciudadanos sabe que el atentado de Madrid fue obra del terrorismo internacional de origen islámico, cosa que el Gobiero quiso ocultar por fines meramente electorales. Y estas afirmaciones de los dirigentes del PP, absurdas ya a esta altura de la película, no las hacen con humildad, o incluso con normalidad, las hacen con el mismo tono orgulloso, chulesco, casi amenazante, que usaban cuando estaban en en poder. No aprenden, o no quieren aprender, o no quieren reconocer que algo han aprendido.
Me consta que las querencias ideológicas y políticas del personal condicionan sus entendederas. Los hay que odian al PSOE con tan negra bilis -melancolía, dicho en griego- que están dispuestos a dar por buenas las acusaciones más disparatadas y desprovistas de fundamento, con tal de que perjudiquen al partido de sus furores. Lo mismo pero al revés puede decirse de muchísimos enemigos jurados del PP: que admiten cualquier imputación que se dirija contra los jefes de ese partido, por muy traída por los pelos que resulte. Lo sé. Pero, con todo y con eso, no deja de asombrarme la capacidad que tienen algunos para cerrar los ojos a la realidad, incluso a la más llamativa, cuando lo que ven no les conviene. Como en la sentencia atribuida a Hegel: "Si los hechos me contradicen, peor para los hechos", dice Javier Ortiz en un artículo publicado en "El Mundo", titulado "Sin indicios de lo inverosímil", en el que afirma también:
Es obvio que la versión oficial de los atentados del 11-M -la que la mayoría parlamentaria da por buena- deja sin aclarar o aporta explicaciones insatisfactorias de diversos aspectos de importancia. Pero apoyarse en las insuficiencias de una investigación que aún no ha concluido para conceder carta de naturaleza a la hipótesis de que la «autoría intelectual» de los atentados corresponde a ETA supone descender bastante por debajo de los límites mínimos de la racionalidad.
Ya sé que les vendría tan bien que ETA hubiera tenido algo que ver en el 11-M como mal les viene que haya sido obra de un comando islamista. Pero es patético su empeño en sustituir la realidad con sus deseos. Saben que la Policía no ha encontrado hasta ahora nada que invite a apuntar en esa dirección, por más que los presuntos autores de los atentados fueran dejando tras de sí un reguero de llamadas telefónicas detectadas y de agendas bien nutridas. De acuerdo en que nunca conviene descartar ninguna hipótesis, pero no es inteligente desconfiar de lo que se sabe en nombre de las infinitas posibilidades de lo que cabe elucubrar.
Trato de imaginarme a ETA subcontratando a un comando islamista que, una vez cogido en falta, se suicida. Si me dijeran que tienen pruebas de que es eso lo que ocurrió, exigiría que me las enseñaran. Como para aceptarlo cuando ni siquiera hay indicios.