Habrá un terremoto político el día en que los tribunales reconozcan formalmente lo que cualquier penalista sabe a estas alturas: que en el laberíntico sumario instruido por Del Olmo hay dos tipos de piezas de convicción, las falsas y las contaminadas. A efectos procesales, estas dos categorías valen lo mismo: nada. Los medios que en vez de buscar la verdad han dedicado sus páginas a fabricar el humo del prejuicio, tratarán de ahogar la indignación subsiguiente mediante una habilidad acreditada: señalarán al dedo acusador de su competente competencia y se rasgarán las vestiduras porque (irresponsablemente y bla, bla, bla) se ha servido en bandeja la estrategia de absolución a los abogados defensores de los procesados. En fin, lo sabido.
Todo este circo siniestro de complicidad mediática, encubrimiento mendaz y despiste planificado ya la conocimos en el asunto de los GAL. Si por los señaladores de dedo profesionales hubiera sido, hoy ignoraríamos la trama criminal que los socialistas organizaron en los aparatos de seguridad del Estado. Habría crímenes impunes, desconocidos por una sociedad embaucada y una democracia estafada. GAL y 11-M: demasiados parecidos.
Todo este circo siniestro de complicidad mediática, encubrimiento mendaz y despiste planificado ya la conocimos en el asunto de los GAL. Si por los señaladores de dedo profesionales hubiera sido, hoy ignoraríamos la trama criminal que los socialistas organizaron en los aparatos de seguridad del Estado. Habría crímenes impunes, desconocidos por una sociedad embaucada y una democracia estafada. GAL y 11-M: demasiados parecidos.