LOS TRES DE LAS AZORES LE HAN HECHO UN REGALO A BIN LADEN
"O se desarma Sadam Hussein o lo desarmamos nosotros", dijo George Bush. Y tras el desarme aparecen ríos de sangre con Sadam desarmado. No es necesario referirse a la multitud de testimonios cualificadísimos que prueban hasta la saciedad que Bush no quiso hacer caso a los avisos de que se equivocaba al creer que Sadam tenía armas de destrucción masiva.
Mi comentario va en otra dirección: Al Qaeda es una organización intrínsecamente perversa en posesión de la más temible arma moderna, que es el desprecio no sólo de la vida ajena, sino de la vida propia. No precisa de justificación ante el exterior por sus crímenes pero ello no impide que se apropie cuando el contrario le hace el impagable servicio de obsequiarla con una bandera parcial pero legítima. Y este es el regalo que los tres de las Azores le han hecho a Bin Laden, que es el de combatir a Occidente con las armas morales de occidente y aliándose con la mitad de occidente que vio en la obsesión y obcecación de Bush un ataque con fundamento falso. Y por tanto, como un delito de lesa humanidad.
Ser malo, tirano, dictador, etc., haber cometido crímenes e incluso haber poseído en el pasado armas totales destructoras, no habría justificado nunca el ataque. Hubo que poner en la base para presentarse ante el mundo a un Sadam capaz de provocar en 24 horas millones de muertos. Esto era falso y Bush tenía motivos para saberlo. Al Qaeda ante Occidente puede presentarse con un argumento que jamás habría encontrado por si misma. Puede decirle a occidente que al menos en este punto tiene tanta razón como Chirac y Schroeder.
Cuando José María Aznar se empeña en justificar aquella alianza pierde la ocasión de pasar dignamente a la Historia, cosa que podría hacer con una frase: "Me equivoqué y pido perdón por ello". Atado a sus propias afirmaciones, culpable indirecto de habernos situado en el centro del horror de Al Qaeda, se verá obligado para su propia ignominia a seguir manteniendo que hizo bien cuando la sangre siga cayendo llamada por él. En cuando a la retirada de las tropas, cuya sangre va a empezar a correr, hay que realizarla por el principio del mal menor y porque los contrarios (Alemania, Francia y Al Qaeda) tenían razón. Razón que vislumbró para el bien de su propia imagen Rodríguez Zapatero.
"O se desarma Sadam Hussein o lo desarmamos nosotros", dijo George Bush. Y tras el desarme aparecen ríos de sangre con Sadam desarmado. No es necesario referirse a la multitud de testimonios cualificadísimos que prueban hasta la saciedad que Bush no quiso hacer caso a los avisos de que se equivocaba al creer que Sadam tenía armas de destrucción masiva.
Mi comentario va en otra dirección: Al Qaeda es una organización intrínsecamente perversa en posesión de la más temible arma moderna, que es el desprecio no sólo de la vida ajena, sino de la vida propia. No precisa de justificación ante el exterior por sus crímenes pero ello no impide que se apropie cuando el contrario le hace el impagable servicio de obsequiarla con una bandera parcial pero legítima. Y este es el regalo que los tres de las Azores le han hecho a Bin Laden, que es el de combatir a Occidente con las armas morales de occidente y aliándose con la mitad de occidente que vio en la obsesión y obcecación de Bush un ataque con fundamento falso. Y por tanto, como un delito de lesa humanidad.
Ser malo, tirano, dictador, etc., haber cometido crímenes e incluso haber poseído en el pasado armas totales destructoras, no habría justificado nunca el ataque. Hubo que poner en la base para presentarse ante el mundo a un Sadam capaz de provocar en 24 horas millones de muertos. Esto era falso y Bush tenía motivos para saberlo. Al Qaeda ante Occidente puede presentarse con un argumento que jamás habría encontrado por si misma. Puede decirle a occidente que al menos en este punto tiene tanta razón como Chirac y Schroeder.
Cuando José María Aznar se empeña en justificar aquella alianza pierde la ocasión de pasar dignamente a la Historia, cosa que podría hacer con una frase: "Me equivoqué y pido perdón por ello". Atado a sus propias afirmaciones, culpable indirecto de habernos situado en el centro del horror de Al Qaeda, se verá obligado para su propia ignominia a seguir manteniendo que hizo bien cuando la sangre siga cayendo llamada por él. En cuando a la retirada de las tropas, cuya sangre va a empezar a correr, hay que realizarla por el principio del mal menor y porque los contrarios (Alemania, Francia y Al Qaeda) tenían razón. Razón que vislumbró para el bien de su propia imagen Rodríguez Zapatero.