Varapalo a la conspiración y a Mariscal
Pablo Sebastián
El Partido Popular debe poner fin a las conspiraciones de Acebes y Zaplana sobre la otra conspiración del 11M si no quieren llevar su organización política a un nuevo fracaso electoral, empeñado en regresar por el túnel del tiempo a los trágicos días del 11M en los que las mentiras del Gobierno de Aznar sobre la autoría de los atentados —intentando señalar a ETA— les hizo perder las elecciones en las que el candidato a la presidencia del Gobierno, no eran los ministros salientes, sino Mariano Rajoy. Lo que acaba de ocurrir con los documentos falsos del ácido bórico es una prueba más de los disparates de Zaplana y Acebes que han metido a su partido en un escándalo que no controlaban —montado por el diario El Mundo— y que les obligará a rectificar.
Ahora resulta que el famoso documento de 21 de marzo de 2005 por el que tres peritos del ministerio de Interior unían los atentados del 11M con ETA sobre la base de haber detectado ácido bórico en casa de un miembro del comando islamista y, cuatro años antes en el domicilio de un etarra, además de ser una chapuza científica que no probaba nada, era el resultado de una burda y calculada manipulación, ellos sabrán por que y con que intenciones o instrucciones. Porque su informe inicial fue rechazado en su día por sus superiores y rectificado, y el documento en cuestión presentado a la Audiencia Nacional y publicado por el diario El Mundo para denunciar una falsificación era una burda manipulación elaborada el día 11 de julio de 2006, para pasarlo como oficial y provocar el escándalo.
Así lo ha confesado ante el juez instructor del caso Baltasar Garzón la perito Isabel López, motivo por el cual los tres han sido imputados por el delito de falsedad en un documento público, el mismo delito que, con sus maniobras, pretendieron que cayera sobre las espaldas de sus superiores con la consiguiente responsabilidad política sobre el titular del ministerio de Interior de la época, José Antonio Alonso, y el actual, Alfredo Pérez Rubalcaba. Y todo ello adornado de un gran escándalo mediático por parte de los agitadores de las conspiración del 11M, El Mundo y la COPE, y seguido de manera mas que irresponsable por los dirigentes del PP, Acebes, Zaplana y Del Burgo, que han llevado a su partido a una situación de público ridículo por la que deberán ahora pedir las disculpas pertinentes.
Una situación escandalosa que, de una vez por todas, debe hacer reflexionar al líder del PP, Mariano Rajoy, sobre el comportamiento de esta particular Orquesta Mondragón de periodistas y dirigentes de su partidos empeñados en extender toda clase de sospechas y de teorías conspirativas sobre la autoría del 11M, sin que por el momento ninguno de ello haya aportado la menor prueba que altere la teoría judicial y policial de la autoría del terrorismo islámico de los atentados de Madrid. La misma que sostuvo el gobierno de Aznar y el propio Acebes tras la detención y muerte del comando en Leganés.
Y como en todas partes cuecen habas, de la misma manera que debe explicaciones el PP por el caso del ácido bórico, también las debe el PSOE por el chivatazo telefónico que el pasado 4 de mayo impidió la captura del comando extorsionador de ETA, una vez que el jefe de seguridad del PSOE, Fernando Mariscal, hiciera una llamada de la que se desprende el aviso a ETA de que los iban a detener, impidiendo una operación que se pudo culminar semanas después. Un asunto de máxima gravedad que, si se probara, al final tendría muy serias responsabilidades políticas y penales porque aquí está ni más ni menos en juego el delito de colaboración con banda armada.
Asunto superior al otro delito de falsificación documental que, además de su incidencia penal, si ha tenido una gran repercusión política y creado alarma social dando alas a la conspiración del 11M. Alas que han caído por tierra doblemente porque por una parte ni el documento en cuestión y luego falsificado probaba nada ni tenía rigor científico, y porque además fue intencionadamente manipulado y filtrado al diario El Mundo con aviesa intención y luego utilizado con descarada maña por Zaplana en el Parlamento, lo que prueba la irresponsabilidad del PP que se traga todo lo que le pasa su comando de propaganda conspirativa, y lo que debe de obligar, de una vez por todas, a Rajoy a tomar cartas en el asunto y a controlar a su portavoz parlamentario que va por libre y que defiende intereses ajenos a su partido y al interés general.
Pablo Sebastián
El Partido Popular debe poner fin a las conspiraciones de Acebes y Zaplana sobre la otra conspiración del 11M si no quieren llevar su organización política a un nuevo fracaso electoral, empeñado en regresar por el túnel del tiempo a los trágicos días del 11M en los que las mentiras del Gobierno de Aznar sobre la autoría de los atentados —intentando señalar a ETA— les hizo perder las elecciones en las que el candidato a la presidencia del Gobierno, no eran los ministros salientes, sino Mariano Rajoy. Lo que acaba de ocurrir con los documentos falsos del ácido bórico es una prueba más de los disparates de Zaplana y Acebes que han metido a su partido en un escándalo que no controlaban —montado por el diario El Mundo— y que les obligará a rectificar.
Ahora resulta que el famoso documento de 21 de marzo de 2005 por el que tres peritos del ministerio de Interior unían los atentados del 11M con ETA sobre la base de haber detectado ácido bórico en casa de un miembro del comando islamista y, cuatro años antes en el domicilio de un etarra, además de ser una chapuza científica que no probaba nada, era el resultado de una burda y calculada manipulación, ellos sabrán por que y con que intenciones o instrucciones. Porque su informe inicial fue rechazado en su día por sus superiores y rectificado, y el documento en cuestión presentado a la Audiencia Nacional y publicado por el diario El Mundo para denunciar una falsificación era una burda manipulación elaborada el día 11 de julio de 2006, para pasarlo como oficial y provocar el escándalo.
Así lo ha confesado ante el juez instructor del caso Baltasar Garzón la perito Isabel López, motivo por el cual los tres han sido imputados por el delito de falsedad en un documento público, el mismo delito que, con sus maniobras, pretendieron que cayera sobre las espaldas de sus superiores con la consiguiente responsabilidad política sobre el titular del ministerio de Interior de la época, José Antonio Alonso, y el actual, Alfredo Pérez Rubalcaba. Y todo ello adornado de un gran escándalo mediático por parte de los agitadores de las conspiración del 11M, El Mundo y la COPE, y seguido de manera mas que irresponsable por los dirigentes del PP, Acebes, Zaplana y Del Burgo, que han llevado a su partido a una situación de público ridículo por la que deberán ahora pedir las disculpas pertinentes.
Una situación escandalosa que, de una vez por todas, debe hacer reflexionar al líder del PP, Mariano Rajoy, sobre el comportamiento de esta particular Orquesta Mondragón de periodistas y dirigentes de su partidos empeñados en extender toda clase de sospechas y de teorías conspirativas sobre la autoría del 11M, sin que por el momento ninguno de ello haya aportado la menor prueba que altere la teoría judicial y policial de la autoría del terrorismo islámico de los atentados de Madrid. La misma que sostuvo el gobierno de Aznar y el propio Acebes tras la detención y muerte del comando en Leganés.
Y como en todas partes cuecen habas, de la misma manera que debe explicaciones el PP por el caso del ácido bórico, también las debe el PSOE por el chivatazo telefónico que el pasado 4 de mayo impidió la captura del comando extorsionador de ETA, una vez que el jefe de seguridad del PSOE, Fernando Mariscal, hiciera una llamada de la que se desprende el aviso a ETA de que los iban a detener, impidiendo una operación que se pudo culminar semanas después. Un asunto de máxima gravedad que, si se probara, al final tendría muy serias responsabilidades políticas y penales porque aquí está ni más ni menos en juego el delito de colaboración con banda armada.
Asunto superior al otro delito de falsificación documental que, además de su incidencia penal, si ha tenido una gran repercusión política y creado alarma social dando alas a la conspiración del 11M. Alas que han caído por tierra doblemente porque por una parte ni el documento en cuestión y luego falsificado probaba nada ni tenía rigor científico, y porque además fue intencionadamente manipulado y filtrado al diario El Mundo con aviesa intención y luego utilizado con descarada maña por Zaplana en el Parlamento, lo que prueba la irresponsabilidad del PP que se traga todo lo que le pasa su comando de propaganda conspirativa, y lo que debe de obligar, de una vez por todas, a Rajoy a tomar cartas en el asunto y a controlar a su portavoz parlamentario que va por libre y que defiende intereses ajenos a su partido y al interés general.