La militancia conspirativa de Telemadrid, liderada por el director general y responsables de los informativos, sólo encontró resistencias en la independencia profesional de ‘Diario de la Noche’, al que Manuel Soriano lleva presionando meses y meses, y en últimos días incluso con mensajes escritos para que los responsables del programa se pusieran en contacto y a la orden del director adjunto de ‘El Mundo’, Casimiro García Abadillo, para que les explicara la única verdad sobre el caso de los peritos del ácido bórico y los documentos falsificados, así como sobre la instrucción de Garzón, últimas obsesiones conspirativas de dicho periódico. ¿Quién es Soriano para pedir a un informativo de la cadena pública Telemadrid que se ponga a las órdenes de ‘El Mundo’, insistiendo una y otra vez en que había que llamar a Casimiro? ¿Acaso no habían inundado ya el periódico y el citado Casimiro los otros informativos más fanáticos de la conspiración y también los del fin de semana? ésta es la cuestión, o sólo una de ellas, que el director del programa ha soportado con infinita paciencia pero sin aceptar la injerencia de Soriano.
Con anterioridad, en la pasada primavera, los cazadores del ‘Diario de la Noche’ habían encontrado la fórmula “pacífica” de hacerlo desaparecer: colocando en prime time ciertas películas o programas de larga duración, para retrasar la salida del informativo a la una de la madrugada y así acabar con su audiencia e influencia. Pero la maniobra, demasiado brusca, encontró resistencias y al final se aparcó, a sabiendas todos de que en diciembre se acababa el programa y que sólo era cuestión de esperar porque a partir de esa fecha no se renovarían los contratos y nadie podría protestar ni argumentar otra cosa. Pero los acontecimientos se precipitaron porque lo de la conspiración del 11M le estaba creando problemas a Esperanza Aguirre con los que son sus protectores políticos, ‘El Mundo’ y la COPE, dos medios a los que ella no sólo ha cuidado sino que además ha beneficiado (hasta el límite del tráfico de influencias y de competencia desleal con otros medios): concesiones de televisión digital a Losantos y contrato espectacular con la productora de ‘El Mundo’ —que se haga público— para emitir en Telemadrid, ni más ni menos que en prime time, unos truculentos reportajes sobre los crímenes de ETA y el 11M, a ver si además del negocio económico se iba creando con ellos el gran ambiente propicio para hacer prosperar la conspiración con unos modales propios de un vulgar aprendiz de Goebbels —como cuando emitieron en Telemadrid una película sobre ETA a las pocas horas de la masacre madrileña— e impropios de una televisión pública y democrática que se ha dedicado con ello a aterrorizar a los ciudadanos y a ahondar en el dolor de las víctimas, que tanto dice defender.
Con anterioridad, en la pasada primavera, los cazadores del ‘Diario de la Noche’ habían encontrado la fórmula “pacífica” de hacerlo desaparecer: colocando en prime time ciertas películas o programas de larga duración, para retrasar la salida del informativo a la una de la madrugada y así acabar con su audiencia e influencia. Pero la maniobra, demasiado brusca, encontró resistencias y al final se aparcó, a sabiendas todos de que en diciembre se acababa el programa y que sólo era cuestión de esperar porque a partir de esa fecha no se renovarían los contratos y nadie podría protestar ni argumentar otra cosa. Pero los acontecimientos se precipitaron porque lo de la conspiración del 11M le estaba creando problemas a Esperanza Aguirre con los que son sus protectores políticos, ‘El Mundo’ y la COPE, dos medios a los que ella no sólo ha cuidado sino que además ha beneficiado (hasta el límite del tráfico de influencias y de competencia desleal con otros medios): concesiones de televisión digital a Losantos y contrato espectacular con la productora de ‘El Mundo’ —que se haga público— para emitir en Telemadrid, ni más ni menos que en prime time, unos truculentos reportajes sobre los crímenes de ETA y el 11M, a ver si además del negocio económico se iba creando con ellos el gran ambiente propicio para hacer prosperar la conspiración con unos modales propios de un vulgar aprendiz de Goebbels —como cuando emitieron en Telemadrid una película sobre ETA a las pocas horas de la masacre madrileña— e impropios de una televisión pública y democrática que se ha dedicado con ello a aterrorizar a los ciudadanos y a ahondar en el dolor de las víctimas, que tanto dice defender.