Estamos hablando de notorios dirigentes del PP, la trinca integrada por Zaplana, Acebes y Aguirre. Los que, presentándose ante sus bases como los más ardorosos guerreros del PP, frente a Zapatero y al PSOE, disfrazan su trama de ambiciones e intereses cruzados, vestidos de víctimas de los ataques del Gobierno y medios afines, para imponerle al partido la estrategia de la crispación y del continuo regreso al pasado (conspiración del 11M). Y todo ello con la ayuda de su ruidosa omnipresencia y la acción concertada de ciertos medios de comunicación, El Mundo, la COPE (ahora también Telemadrid, tras la caza de Diario de la Noche). Unos medios que, respectivamente, actúan como cocina ideológica y altavoces y provocadores de la furia de los sectores más extremos de este partido y de la sociedad, lo que dio pie a Zapatero y al PSOE para hablar del renacer de la extrema derecha.
De esta manera, Rajoy y su equipo de trabajo más moderado y más cercano al centro se encuentran encerrados entre las paredes del triángulo que se forma con el clamor de los militantes y votantes más excitados, la iniciativa sin control o por sorpresa de dirigentes que son a la vez portavoces con gran repercusión mediática —la trinca Zaplana, Acebes y Aguirre— y los medios que imponen su ley y a los que el líder del PP y dirigentes de su entorno o de la periferia madrileña no se atreven ni a hacer frente ni a contradecir por miedo a sufrir las iras de tan poderosos comunicadores, que además tienen ancladas sus naves en las aguas más profundas y ultraconservadoras de la sociedad.
De esta manera, Rajoy y su equipo de trabajo más moderado y más cercano al centro se encuentran encerrados entre las paredes del triángulo que se forma con el clamor de los militantes y votantes más excitados, la iniciativa sin control o por sorpresa de dirigentes que son a la vez portavoces con gran repercusión mediática —la trinca Zaplana, Acebes y Aguirre— y los medios que imponen su ley y a los que el líder del PP y dirigentes de su entorno o de la periferia madrileña no se atreven ni a hacer frente ni a contradecir por miedo a sufrir las iras de tan poderosos comunicadores, que además tienen ancladas sus naves en las aguas más profundas y ultraconservadoras de la sociedad.