LOS HINOJOSOS: Aznar está enamorado Nos lo ha dicho un pajarito que...

Aznar está enamorado
Nos lo ha dicho un pajarito que tiene su nido en el jardín de ese gran pensador que se llama Baura. Aznar está enamorado y por eso se ha dejado el pelo largo al estilo de Carlos Jesús, el vidente de Reticulín, y hace pesas y deporte sin parar para estar más delgado y cachas, luciendo el palmito para su nuevo amor, del que de momento no les vamos a dar detalles por lo que pudiera pasar. No vaya a ser que esté en una segunda luna de miel con la Botella, o puede que su amor sólo sea una cosa pasajera, o puede incluso que no tenga nada que ver con las mujeres sino con la política, e incluso se podría dar el caso de que su nueva pasión fuera la poesía, o la enseñanza, o a lo mejor está pensando en volver a la política activa, cosa que se le está poniendo cada vez peor, a la vista de lo que le está pasando a su amigo Bush en Washington y a Blair en Londres.
Lo de Bush le tiene a Aznar sumido en una segunda depresión —ya tuvo una cuando dejó el poder—, y no le falta razón porque lo de Iraq va de mal en peor, a una media de casi cien muertos por día, con Rumsfeld derrotado, Condolezza —Condi para los amigos— a punto de hacer las maletas y dedicarse al piano y Cheney pendiente de las comisiones del Congreso americano que le van a investigar hasta los calzoncillos. Lo de Bush va camino de acabar muy mal y puede que antes de lo previsto, y a lo mejor empieza un día de éstos la retirada de las tropas británicas y americanas de la sangrienta ratonera de Iraq.
Aznar puede estar enamorado, no sabemos bien de quién o de qué, pero desde luego no lo está de su partido ni de Rajoy, y por eso se llevó a Zaplana a Colombia, para ver si hay manera de reconducir la situación porque los neocones españoles están de capa caída, y el unilateralismo del imperio americano también. Además el PP ha entrado en la dinámica de las reformas estatutarias mientras él y su club de FAES proponían el inmovilismo total, la conspiración del 11M y el regreso de la crispación como el arma secreta y letal de la próxima campaña electoral del PP, en contra de lo que han hecho, en Andalucía y Cataluña, Arenas y Piqué.
El desconcierto de Aznar y de FAES con lo de Iraq es gigantesco y, desde luego, no son capaces de rectificar, al tiempo que temen que Rajoy o Gallardón hagan pública de una vez por todas una declaración en la que aseguren que en lo de Iraq el PP y el Gobierno de Aznar se equivocaron y además no dijeron la verdad. Es lo que deberían hacer una vez que Bush y Blair ya han dado numerosos pasos hacia atrás, y están pendientes de dar los últimos aunque Iraq quede peor que estaba y al borde de la guerra civil, que es lo que tarde o temprano va a ocurrir como pasó en Vietnam. Pero Aznar es muy suyo y ni si quiera un nuevo amor parece que le vaya a ablandar el corazón de piedra y el empeño de mantenella y no enmendalla aunque sea el último en abandonar la foto de las Azores en la que tan chulito estaba anunciando el inicio de la guerra, a la que luego mandó tropas españolas para intentar culminar una ocupación que ha sido un fracaso monumental, en la que han perdido la vida, entre atentados y guerra, cientos de miles de ciudadanos que imaginamos que pesaran sobre su conciencia cristiana y confesional.
Aznar está enamorado y a la vista está, le brillan los ojos, está más delgado, luce una melena de joven contestatario y viste en plan sport como si fuera a tomar unas copas con chavalas de otra edad. Está enamorado, no sabemos bien de quién o de qué, entre otras cosas para olvidar lo inolvidable, su trágica salida del poder por culpa de su mala cabeza y de su gigantesco error de cálculo pensando que saldría a hombros del palacio de la Moncloa y no a pedradas como ocurrió. Su situación política y personal es más o menos como su futuro político, es decir, mala; por eso, si no está enamorado lo debería intentar, porque al menos eso le daría un respiro y, de vez en cuando, podría olvidar.