ESTO ES SER MUSULMáN. “La persona que acepta de buen grado, y en el total de su vida, el principio de comportamiento que dimana del magisterio de Muhammad (s.a.s)”. Sin interpolaciones ni disparates posteriores.
Son musulmanes aquellos quienes, habiendo “entendido correctamente”, desean en libertad, sin miedos ni coacción alguna, acercarse a “la comprensión” y “relación” con La Divinidad.
Son musulmanes los que son observantes de la tolerancia para consigo mismos y para con los demás, sin que importe la etnia ni la creencia.
Son musulmanes los buscadores de La Gran Sabiduría, la Sabiduría que conduce a un estado permanente de paz, la que se guarda en el Qor´âno y en otras culturas, y que ha sido recomendada por el Profeta (s.a.s) a través de sus dichos y hechos.
Pero no podríamos referirnos como musulmanes a aquellas gentes que, por el solo hecho de haber nacido en un país confesionalmente musulmán, y aún considerándose a sí mismos como musulmanes, han hecho de la simplicidad original otra piedra de escándalo, siguiendo el mal ejemplo de otras religiones.
Siguiendo este mismo criterio no podríamos encontrar cristianos en la dorada magnificencia vaticana, ni entre los oropeles catedralicios, ni entre los jueces inquisidores.
Por lo tanto, reconocerse cercano a La Tradición Muhammadiana ha de ser una opción tomada en la reflexión y renovada cada día.
Manifestarlo abiertamente es el resultado de un proceso indeterminado de información y estudio, de madurez y de búsqueda. A fin de que la inconstancia, la moda, la curiosidad transitoria, la avaricia del coleccionista de nuevas emociones, etc., no pongan en las manos inadecuadas un antiquísimo saber y un “Recto Sendero” de desarrollo íntegro, el llamado “Sirata l´Mustaqim”.
Es el buen juicio de cada persona el que debe de determinar las rutas que conducen a buen puerto y las que, después de mucho navegar, no conducen a ninguna parte.
Recordemos al mono atado con una cuerda al tronco de un árbol, salta y salta, pero la brevedad de la cuerda -confusión, prejuicios, etc.- no le permite subir a por los frutos más altos.
Son musulmanes aquellos quienes, habiendo “entendido correctamente”, desean en libertad, sin miedos ni coacción alguna, acercarse a “la comprensión” y “relación” con La Divinidad.
Son musulmanes los que son observantes de la tolerancia para consigo mismos y para con los demás, sin que importe la etnia ni la creencia.
Son musulmanes los buscadores de La Gran Sabiduría, la Sabiduría que conduce a un estado permanente de paz, la que se guarda en el Qor´âno y en otras culturas, y que ha sido recomendada por el Profeta (s.a.s) a través de sus dichos y hechos.
Pero no podríamos referirnos como musulmanes a aquellas gentes que, por el solo hecho de haber nacido en un país confesionalmente musulmán, y aún considerándose a sí mismos como musulmanes, han hecho de la simplicidad original otra piedra de escándalo, siguiendo el mal ejemplo de otras religiones.
Siguiendo este mismo criterio no podríamos encontrar cristianos en la dorada magnificencia vaticana, ni entre los oropeles catedralicios, ni entre los jueces inquisidores.
Por lo tanto, reconocerse cercano a La Tradición Muhammadiana ha de ser una opción tomada en la reflexión y renovada cada día.
Manifestarlo abiertamente es el resultado de un proceso indeterminado de información y estudio, de madurez y de búsqueda. A fin de que la inconstancia, la moda, la curiosidad transitoria, la avaricia del coleccionista de nuevas emociones, etc., no pongan en las manos inadecuadas un antiquísimo saber y un “Recto Sendero” de desarrollo íntegro, el llamado “Sirata l´Mustaqim”.
Es el buen juicio de cada persona el que debe de determinar las rutas que conducen a buen puerto y las que, después de mucho navegar, no conducen a ninguna parte.
Recordemos al mono atado con una cuerda al tronco de un árbol, salta y salta, pero la brevedad de la cuerda -confusión, prejuicios, etc.- no le permite subir a por los frutos más altos.