El problema aparece cuando la tensión en nuestro organismo se desborda y supera nuestra capacidad de control. Dicho de otro modo, cuando el estímulo perturbador incrementa la activación del organismo más rápidamente que su capacidad de adaptación.
Tener cierto grado de tensión suele mantenernos activos, con más energía, nos ayuda a aprovechar mejor el tiempo y a hacer más de lo que nos creemos capaces.
Pero cuando se desborda y sobrecarga nuestro cuerpo y nuestra mente es cuando surge el peligro y empiezan a aparecer una serie de síntomas físicos, psíquicos y conductuales.
Tener cierto grado de tensión suele mantenernos activos, con más energía, nos ayuda a aprovechar mejor el tiempo y a hacer más de lo que nos creemos capaces.
Pero cuando se desborda y sobrecarga nuestro cuerpo y nuestra mente es cuando surge el peligro y empiezan a aparecer una serie de síntomas físicos, psíquicos y conductuales.