LOS HINOJOSOS: Setenta años después del golpe de Estado que dio lugar...

Setenta años después del golpe de Estado que dio lugar a la Guerra Civil, y treinta años después de muerto el dictador, los ciudadanos estamos demostrando que el paso del tiempo no entierra sus crímenes. Los hijos, los nietos y los bisnietos de las víctimas del franquismo hemos recuperado la memoria de nuestros mayores, para que se conozca, para que no se olvide.

El interés que tenemos por conocer nuestro pasado, con lo que tenga de denunciable y lo que tenga de recuperable, no es flor de un día. Ni de un año. Porque de la misma manera que algunos pensaron que el paso del tiempo traería el olvido definitivo, otros pensaron que sería suficiente con un año de la memoria para satisfacer la demanda de memoria de los ciudadanos. Un año para conmemorar y homenajear todo lo conmemorable y homenajeable, como una liquidación del pasado, sobre el que ya no habría que volver nunca más.

Pero el año de la memoria se acaba, y siguen pendientes muchas tareas, prácticamente las mismas que al comienzo del año. Siguen desaparecidos miles de españoles en fosas comunes. Siguen vigentes las condenas impuestas por la dictadura. Sigue habiendo calles, monumentos y placas que recuerdan y homenajean al dictador y sus colaboradores. Siguen invisibles los lugares de la memoria antifranquista. Sigue el Valle de los Caídos exaltando al franquismo. Siguen las carencias en los textos educativos y los planes de enseñanza en lo relacionado con el conocimiento de la República, la guerra y el franquismo. Siguen las dificultades de acceso a los archivos. Sigue pendiente la indemnización a quienes fueron despojados por el franquismo, mientras los beneficiarios del expolio continúan disfrutando su botín de guerra.

Por eso, la lucha de los ciudadanos por la memoria histórica no termina en este año oficial de la memoria, sino que continúa, más fuerte y con mayor garantía de continuidad en el futuro. Porque esta lucha no tiene que ver con el pasado, no sólo con el pasado. La crítica del pasado, la denuncia de la dictadura y la recuperación de la experiencia republicana da lugar a una ética ciudadana para el presente.

Para una democracia fuerte, para que sean sólidos los valores democráticos, no podemos cerrar en falso el pasado. El conocimiento y denuncia de la dictadura franquista nos permite desarrollar una conciencia antidictadura que es el reverso de una conciencia democrática fuerte. Sin conocer la experiencia democrática de la Segunda República, y el ejemplo de quienes lucharon contra el franquismo, seremos una democracia débil, sin raíces, sin cultura ni tradición.

Y para ello es necesaria una Ley de la Memoria Histórica por la que las Instituciones, el Estado, asuman sus responsabilidades, desde sus competencias, y hagan posible que los ciudadanos conozcan el pasado, es decir, las raíces del presente. De lo contrario, seguiremos más sensibilizados por los desaparecidos y torturados chilenos que por los desaparecidos y torturados españoles.