F. Quevedo
Por eso tuvo una especial relevancia que Rajoy saliera airoso en la entrevista de asuntos como los matrimonios gays, las banderas preconstitucionales, el estatuto catalán, la guerra de Iraq, el 11-M o la crispación en general, temas que resulta que, sospechosamente, preocupaban mucho más a los cien ciudadanos allí congregados que la vivienda, la educación, la sanidad, el empleo, la inmigración o el terrorismo. Hombre, seamos serios, ¿a quién le interesa la estrategia de la crispación? Al PP no, desde luego, porque no parece que de esa simiente obtenga muchos votos.
A quien le conviene volver a resucitar asuntos como la Guerra Civil o la II República es al PSOE, porque no teniendo la Guerra de Iraq como excusa, necesita buscar alguna que le permita volver a sacar a la calle, es decir, a votar, a todos los que le dieron el triunfo el 14-M de 2004, muchos, muchísimos, de los cuales sólo votan una vez cada cien años. Pero ahora no está Aznar, y no parece que Ferraz esté logrando muchos éxitos en su estrategia de convertir a Rajoy en otro blanco de las obsesiones de la izquierda, porque el líder del PP ya se ocupa, como hizo el jueves por la noche, de mostrarse tal cual es, un político centrado y liberal, que quiere hacer del reformismo su bandera política.
Por eso tuvo una especial relevancia que Rajoy saliera airoso en la entrevista de asuntos como los matrimonios gays, las banderas preconstitucionales, el estatuto catalán, la guerra de Iraq, el 11-M o la crispación en general, temas que resulta que, sospechosamente, preocupaban mucho más a los cien ciudadanos allí congregados que la vivienda, la educación, la sanidad, el empleo, la inmigración o el terrorismo. Hombre, seamos serios, ¿a quién le interesa la estrategia de la crispación? Al PP no, desde luego, porque no parece que de esa simiente obtenga muchos votos.
A quien le conviene volver a resucitar asuntos como la Guerra Civil o la II República es al PSOE, porque no teniendo la Guerra de Iraq como excusa, necesita buscar alguna que le permita volver a sacar a la calle, es decir, a votar, a todos los que le dieron el triunfo el 14-M de 2004, muchos, muchísimos, de los cuales sólo votan una vez cada cien años. Pero ahora no está Aznar, y no parece que Ferraz esté logrando muchos éxitos en su estrategia de convertir a Rajoy en otro blanco de las obsesiones de la izquierda, porque el líder del PP ya se ocupa, como hizo el jueves por la noche, de mostrarse tal cual es, un político centrado y liberal, que quiere hacer del reformismo su bandera política.