El problema de la estrategia del PSOE es que resulta muy peligrosa. Resucitar fantasmas del pasado después de que los españoles enterraran heridas de antaño en una Transición modélica y ejemplar, puede tener consecuencias inimaginables.
Es cierto que no se dan las condiciones revolucionarias que acompañaron la estrategia frentepopulista de la República, pero elevar el grado de crispación hasta el punto de hacernos creer ahora que aquellos revolucionarios del 34 fueron unos santos varones, cuando la realidad es que eran asesinos a sueldo de una doctrina totalitaria -la misma doctrina, por cierto, que alimenta intelectualmente a los asesinos de ETA con los que negocia Rodríguez-, es de una osadía sin límites. Y lo es porque aquí ya no quedan rescoldos del pasado.
Es cierto que no se dan las condiciones revolucionarias que acompañaron la estrategia frentepopulista de la República, pero elevar el grado de crispación hasta el punto de hacernos creer ahora que aquellos revolucionarios del 34 fueron unos santos varones, cuando la realidad es que eran asesinos a sueldo de una doctrina totalitaria -la misma doctrina, por cierto, que alimenta intelectualmente a los asesinos de ETA con los que negocia Rodríguez-, es de una osadía sin límites. Y lo es porque aquí ya no quedan rescoldos del pasado.