18/05/2007
El currículo de Montserrat Corulla perjudica a Gallardón
El caso Profumo (1963) es esclarecedor respecto a los límites de la privacidad en la política
El colega y amigo Javier Valenzuela ha escrito en su blog una reflexión titulada Parábola del presidente y la espía, que reproducimos en elplural.com por su interés y actualidad. Se refiere obviamente Valenzuela al caso Corulla, que afecta al actual alcalde de Madrid y aspirante a la reelección, Ruiz Gallardón.
Desde que el otro día el candidato socialista, Miguel Sebastián, le preguntara a Gallardón, en el debate de TVE, sobre sus relaciones con Montserrat Corulla acerca de un asunto relativo a actividades urbanísticas en Madrid, atribuidas a esta abogada -presunta testaferro de Juan Antonio Roca, cerebro de la corrupción marbellí- se han producido numerosas, contrapuestas y dispares reacciones.
Hecho “vergonzoso”
Gallardón no se ha movido de su inicial respuesta. Se trata de una cuestión personal, propia de “mi vida privada”, ha sostenido, mientras le reprochaba a Sebastián lo que estaba haciendo y tildaba el hecho de “vergonzoso”.
Ala moderada del PP
Siendo la relación de Gallardón con Corulla privada -si es que lo es- tiene toda la razón el alcalde de Madrid y destacado dirigente del ala moderada del PP, aunque esta dimensión apenas se haya percibido en los últimos tiempos.
Polémica recurrente
El debate sobre el derecho a la privacidad de los políticos -con altas responsabilidades como las que ejerce Gallardón- siempre provoca una polémica recurrente y estéril. A la mujer del César se le exigía ser honrada y parecerlo, que es un factor público, no privado. A Clinton estuvieron a punto de echarlo de la Casa Blanca por sus vinculaciones íntimas con la becaria Mónica Lewinsky, negadas al principio por él.
Virtudes pedagógicas
No defiendo en absoluto el ejercicio del periodismo basado en vulnerar el mencionado derecho a la privacidad, a pesar de que muchos lo practiquen sin escrúpulos y con notable éxito de audiencia. Pero hay algún ejemplo relativamente cercano que conviene recordar, porque tiene al respecto virtudes pedagógicas.
Escándalo
El año 1981 fue estrenada la película Escándalo, referida al caso Profumo. John Profumo era ministro de Defensa en el Gobierno conservador británico, presidido en 1963 por Harold Mc Millan. Tuvo que dimitir y se abrió una grave crisis política. Profumo frecuentaba a una joven prostituta, Christine Keeler. Pero esta circunstancia no precipitó su caída. El problema del brillante y prometedor político inglés fue que la chica compartía romance con el agregado militar de la Embajada de la URSS en Londres, quien era asimismo miembro de la KGB.
La Guerra Fría
El contacto entre Profumo y Keeler podía ser, pues, potencialmente peligroso para la seguridad de Gran Bretaña. Los años sesenta fueron pródigos en episodios de la Guerra Fría muy inquietantes. Más allá de otras circunstancias, las relaciones entre el ministro y la prostituta acabaron siendo una cuestión de Estado. Y es que el sentido común dice que los secretos de alcoba no deben incluir nunca secretos de Estado.
La revista Tiempo
Salvadas todas las distancias, el caso Corulla me recuerda el del aludido ministro británico. Sebastián no inquiría de Gallardón que explicara sus vinculaciones personales con Corulla, sino que esclareciera actividades urbanísticas –aireadas en ciertos medios, como la revista Tiempo- que pueden dar pábulo a todo género de sospechas. Porque Corulla se dedica profesionalmente a negocios inmobiliarios y porque está judicialmente implicada en el affaire de Marbella, el más escandaloso y el más conocido.
Potencia urbanística
Y porque Gallardón no es el jefe de los bomberos o ministro sin cartera, sino el alcalde de una ciudad de la potencia urbanística de Madrid. Creo que Gallardón ni se ha enriquecido ni ha alentado ningún asunto turbio. Pero sí pienso que se ha equivocado. No ha sido ni cauto ni prudente. Y su actitud frente a las preguntas de Sebastián no le favorece. Si nada tiene que ocultar –como muchos pensamos-, razón de más para que ofrezca todo tipo de explicaciones. El currículo de Corulla perjudica a Gallardón. Y eso es inexorable. Refugiarse en su intimidad o en la supuesta maldad de su adversario constituye una torpeza impropia de un demócrata como él.
E.S.
El currículo de Montserrat Corulla perjudica a Gallardón
El caso Profumo (1963) es esclarecedor respecto a los límites de la privacidad en la política
El colega y amigo Javier Valenzuela ha escrito en su blog una reflexión titulada Parábola del presidente y la espía, que reproducimos en elplural.com por su interés y actualidad. Se refiere obviamente Valenzuela al caso Corulla, que afecta al actual alcalde de Madrid y aspirante a la reelección, Ruiz Gallardón.
Desde que el otro día el candidato socialista, Miguel Sebastián, le preguntara a Gallardón, en el debate de TVE, sobre sus relaciones con Montserrat Corulla acerca de un asunto relativo a actividades urbanísticas en Madrid, atribuidas a esta abogada -presunta testaferro de Juan Antonio Roca, cerebro de la corrupción marbellí- se han producido numerosas, contrapuestas y dispares reacciones.
Hecho “vergonzoso”
Gallardón no se ha movido de su inicial respuesta. Se trata de una cuestión personal, propia de “mi vida privada”, ha sostenido, mientras le reprochaba a Sebastián lo que estaba haciendo y tildaba el hecho de “vergonzoso”.
Ala moderada del PP
Siendo la relación de Gallardón con Corulla privada -si es que lo es- tiene toda la razón el alcalde de Madrid y destacado dirigente del ala moderada del PP, aunque esta dimensión apenas se haya percibido en los últimos tiempos.
Polémica recurrente
El debate sobre el derecho a la privacidad de los políticos -con altas responsabilidades como las que ejerce Gallardón- siempre provoca una polémica recurrente y estéril. A la mujer del César se le exigía ser honrada y parecerlo, que es un factor público, no privado. A Clinton estuvieron a punto de echarlo de la Casa Blanca por sus vinculaciones íntimas con la becaria Mónica Lewinsky, negadas al principio por él.
Virtudes pedagógicas
No defiendo en absoluto el ejercicio del periodismo basado en vulnerar el mencionado derecho a la privacidad, a pesar de que muchos lo practiquen sin escrúpulos y con notable éxito de audiencia. Pero hay algún ejemplo relativamente cercano que conviene recordar, porque tiene al respecto virtudes pedagógicas.
Escándalo
El año 1981 fue estrenada la película Escándalo, referida al caso Profumo. John Profumo era ministro de Defensa en el Gobierno conservador británico, presidido en 1963 por Harold Mc Millan. Tuvo que dimitir y se abrió una grave crisis política. Profumo frecuentaba a una joven prostituta, Christine Keeler. Pero esta circunstancia no precipitó su caída. El problema del brillante y prometedor político inglés fue que la chica compartía romance con el agregado militar de la Embajada de la URSS en Londres, quien era asimismo miembro de la KGB.
La Guerra Fría
El contacto entre Profumo y Keeler podía ser, pues, potencialmente peligroso para la seguridad de Gran Bretaña. Los años sesenta fueron pródigos en episodios de la Guerra Fría muy inquietantes. Más allá de otras circunstancias, las relaciones entre el ministro y la prostituta acabaron siendo una cuestión de Estado. Y es que el sentido común dice que los secretos de alcoba no deben incluir nunca secretos de Estado.
La revista Tiempo
Salvadas todas las distancias, el caso Corulla me recuerda el del aludido ministro británico. Sebastián no inquiría de Gallardón que explicara sus vinculaciones personales con Corulla, sino que esclareciera actividades urbanísticas –aireadas en ciertos medios, como la revista Tiempo- que pueden dar pábulo a todo género de sospechas. Porque Corulla se dedica profesionalmente a negocios inmobiliarios y porque está judicialmente implicada en el affaire de Marbella, el más escandaloso y el más conocido.
Potencia urbanística
Y porque Gallardón no es el jefe de los bomberos o ministro sin cartera, sino el alcalde de una ciudad de la potencia urbanística de Madrid. Creo que Gallardón ni se ha enriquecido ni ha alentado ningún asunto turbio. Pero sí pienso que se ha equivocado. No ha sido ni cauto ni prudente. Y su actitud frente a las preguntas de Sebastián no le favorece. Si nada tiene que ocultar –como muchos pensamos-, razón de más para que ofrezca todo tipo de explicaciones. El currículo de Corulla perjudica a Gallardón. Y eso es inexorable. Refugiarse en su intimidad o en la supuesta maldad de su adversario constituye una torpeza impropia de un demócrata como él.
E.S.