Amigo Morito, es usted un profesional de la mentira. No lo digo yo, lo dice usted cuando nos confirma que no ha escrito aquí desde hace unos días porque su religión le impide mentir durante la celebración del Ramadán. No nos dice que le prohíba escribir, sino que le prohíbe mentir. Por tanto, miente cada vez que escribe aquí.
Ha observado que le dicen que se vaya a su país y otros observamos que usted es un compatriota que nos quiere tomar el pelo -y en ello estamos, voluntariamente. Ja-. ¿En que país de la morería ha nacido usted?
¿No es una obviedad lo que dice, de que tiene todos sus papeles en regla, cotiza a la Seguridad Social y paga IRPF? Es lo mismo que nos pasa a todos, amigo.
En lo de ganar entra en algo más serio, pero le digo que no debe mirar lo que gana su patrón, mire usted si lo que gana es justo, conforme al trabajo que hace. O, acaso, quiere menospreciar el trabajo que hace su jefe para vender el producto en el que usted colabora. Amigo, su jefe estaría incrementando ese valor que usted genera con más valor aportado por él. ¿Qué viene usted a decirnos? ¿Nos va a descubrir el socialismo real, trasnochado y fracasado en el mundo entero?
Aquí, amigo, tenemos una mala costumbre, si, llamamos ladrón a cualquiera que sea un ladrón, sea autoridad o no. No nos escondemos en una falsa hermandad, aquí a eso se le llama encubrir y a quien lo practica encubridor y cómplice.
No mezcle su mayor o menor vergüenza para hacer apología contra la libertad de expresión. El insulto, amigo, tiene varias facetas y no todas se basan en escupir palabras malsonantes, también hay quien insulta con el menosprecio, con la vejación o con la ironía. Así que, y aquí encaja perfectamente, no nos insulte usted.
Bien, habla por encargo de sus mayores y pide un sitio para rezar. ¿Y que quiere que hagamos nosotros? Cómpreselo, alquílelo, o, si lo que le interesa es profanar una Iglesia, haga un canje con las autoridades eclesiásticas y ceda usted una Mezquita en Arabia Saudita (se pondrían crucifijos y, lamentándolo mucho, aseos).
Que curioso, que expresión más musulmana «más pasao que un higo chumbo». En fin, de graciosos está el mundo lleno.
Ha observado que le dicen que se vaya a su país y otros observamos que usted es un compatriota que nos quiere tomar el pelo -y en ello estamos, voluntariamente. Ja-. ¿En que país de la morería ha nacido usted?
¿No es una obviedad lo que dice, de que tiene todos sus papeles en regla, cotiza a la Seguridad Social y paga IRPF? Es lo mismo que nos pasa a todos, amigo.
En lo de ganar entra en algo más serio, pero le digo que no debe mirar lo que gana su patrón, mire usted si lo que gana es justo, conforme al trabajo que hace. O, acaso, quiere menospreciar el trabajo que hace su jefe para vender el producto en el que usted colabora. Amigo, su jefe estaría incrementando ese valor que usted genera con más valor aportado por él. ¿Qué viene usted a decirnos? ¿Nos va a descubrir el socialismo real, trasnochado y fracasado en el mundo entero?
Aquí, amigo, tenemos una mala costumbre, si, llamamos ladrón a cualquiera que sea un ladrón, sea autoridad o no. No nos escondemos en una falsa hermandad, aquí a eso se le llama encubrir y a quien lo practica encubridor y cómplice.
No mezcle su mayor o menor vergüenza para hacer apología contra la libertad de expresión. El insulto, amigo, tiene varias facetas y no todas se basan en escupir palabras malsonantes, también hay quien insulta con el menosprecio, con la vejación o con la ironía. Así que, y aquí encaja perfectamente, no nos insulte usted.
Bien, habla por encargo de sus mayores y pide un sitio para rezar. ¿Y que quiere que hagamos nosotros? Cómpreselo, alquílelo, o, si lo que le interesa es profanar una Iglesia, haga un canje con las autoridades eclesiásticas y ceda usted una Mezquita en Arabia Saudita (se pondrían crucifijos y, lamentándolo mucho, aseos).
Que curioso, que expresión más musulmana «más pasao que un higo chumbo». En fin, de graciosos está el mundo lleno.