Y con respecto al museo de labranza y labores agrícolas, ilústrenos de los beneficios del mismo, incluso de los culturales. Porque sabrá que ese museo ya está en los hinojosos desde hace tres o cuatro años. ¿No me diga que no lo sabía? Que pena, oye.
Desenmascarado su populismo, a nuestro amigo sólo le queda la manipulación, y la ejerce. Sólo hay que seguir sus razonamientos y veremos que él sólo se deja en evidencia. Tanto manipula que defiende una cosa y su contraria. Por un lado dice que los agricultores son quienes tienen que llevar la iniciativa y por otro dice que son los organismos públicos quienes deben llevar a cabo los proyectos, y por otro, como no, deja abierta la puerta a la inversión privada. Dice que es la oposición la que debe llevar la iniciativa, dice «Ya tiene la oposición trabajo. Ya que se quejan de que no les enseñan los papeles y no les dejan hacer nada.» «Que cojan las riendas… que muevan los hilos…» «Que le gustaría que la oposición cogiera las riendas…» y por otro, claro, no descarta la ayuda de quienes mal gobiernan. Habla de que llevar a cabo las ideas solo depende de nosotros, que no tenemos que esperar a nadie que venga a hacer inversiones, pero, eso si, tenemos que exigirla de los poderes públicos. Todo su alegato es una contradicción constante. Pero, ¿qué podemos esperar de quien defiende la idea trasnochada y fracasada de «la tierra para el que la trabaja»? ¿Y la producción de petróleo para el que lo extrae y las casas para el que las construye con sus manos?
Desenmascarado su populismo, a nuestro amigo sólo le queda la manipulación, y la ejerce. Sólo hay que seguir sus razonamientos y veremos que él sólo se deja en evidencia. Tanto manipula que defiende una cosa y su contraria. Por un lado dice que los agricultores son quienes tienen que llevar la iniciativa y por otro dice que son los organismos públicos quienes deben llevar a cabo los proyectos, y por otro, como no, deja abierta la puerta a la inversión privada. Dice que es la oposición la que debe llevar la iniciativa, dice «Ya tiene la oposición trabajo. Ya que se quejan de que no les enseñan los papeles y no les dejan hacer nada.» «Que cojan las riendas… que muevan los hilos…» «Que le gustaría que la oposición cogiera las riendas…» y por otro, claro, no descarta la ayuda de quienes mal gobiernan. Habla de que llevar a cabo las ideas solo depende de nosotros, que no tenemos que esperar a nadie que venga a hacer inversiones, pero, eso si, tenemos que exigirla de los poderes públicos. Todo su alegato es una contradicción constante. Pero, ¿qué podemos esperar de quien defiende la idea trasnochada y fracasada de «la tierra para el que la trabaja»? ¿Y la producción de petróleo para el que lo extrae y las casas para el que las construye con sus manos?