A dictador muerto, rey puesto... Y ministro de la Porra que lo guarde
Así llegamos a la muerte del dictador, al nombramiento como Jefe de Estado de su sucesor y al regreso a primera línea política del incombustible Fraga, ahora convertido nada menos que en vicepresidente para asuntos de Interior y en ministro de la Gobernación del último gobierno de Carlos Arias Navarro, el carnicerito de Málaga.
Nadie que las viviera puede olvidar las fechas. Desde el 12 de diciembre de 1975 hasta el 7 de julio de 1976, Manuel Fraga Iribarne fue el responsable de todo el horror vivido en el Estado español, que fue mucho, muy especialmente en el País Vasco.
Durante la etapa inicial de la restauración borbónica, la represión fue generalizada, alcanzándose cotas de detenciones y de torturas no recordadas desde los primeros años de la sublevación franquista.
En Vitoria, por ejemplo, el 3 de marzo de 1976, la Policía disparó fuego real contra una concentración de trabajadores, asesinando a dos obreros y a un estudiante (posteriormente morirían dos personas más); en Basauri (Vizcaya), resultaría muerto Vicente Antón Ferrero el día 8, durante las protestas por los sucesos de Vitoria; y en Montejurra (Navarra), el 9 de mayo del mismo año, un comandante del Ejército, José Luis Marín García-Verde, al frente -junto con el mismísimo presidente del Consejo de Estado, Oriol y Urquijo- de un grupo de fascistas, disparó su pistola contra los participantes en el tradicional Vía Crucis carlista, asesinando a Aniano Jiménez Santos y a Ricardo García Pellejero.
Así llegamos a la muerte del dictador, al nombramiento como Jefe de Estado de su sucesor y al regreso a primera línea política del incombustible Fraga, ahora convertido nada menos que en vicepresidente para asuntos de Interior y en ministro de la Gobernación del último gobierno de Carlos Arias Navarro, el carnicerito de Málaga.
Nadie que las viviera puede olvidar las fechas. Desde el 12 de diciembre de 1975 hasta el 7 de julio de 1976, Manuel Fraga Iribarne fue el responsable de todo el horror vivido en el Estado español, que fue mucho, muy especialmente en el País Vasco.
Durante la etapa inicial de la restauración borbónica, la represión fue generalizada, alcanzándose cotas de detenciones y de torturas no recordadas desde los primeros años de la sublevación franquista.
En Vitoria, por ejemplo, el 3 de marzo de 1976, la Policía disparó fuego real contra una concentración de trabajadores, asesinando a dos obreros y a un estudiante (posteriormente morirían dos personas más); en Basauri (Vizcaya), resultaría muerto Vicente Antón Ferrero el día 8, durante las protestas por los sucesos de Vitoria; y en Montejurra (Navarra), el 9 de mayo del mismo año, un comandante del Ejército, José Luis Marín García-Verde, al frente -junto con el mismísimo presidente del Consejo de Estado, Oriol y Urquijo- de un grupo de fascistas, disparó su pistola contra los participantes en el tradicional Vía Crucis carlista, asesinando a Aniano Jiménez Santos y a Ricardo García Pellejero.