A diferencia de las grandes
casas palaciegas del
pueblo, que suelen ostentar imponentes
escudos nobiliarios en
piedra tallada sobre sus
portadas, esta vivienda no conserva ningún
blasón en su
fachada que la vincule formalmente a un linaje específico de la alta nobleza
medieval o moderna de la villa. Origen e
historia: Portadas con
arcos de medio punto decorados con molduras singulares solían pertenecer históricamente a
familias de hidalgos, clérigos locales o ciudadanos acomodados de los siglos XVI al XVIII, quienes contaban con los recursos para pagar a un maestro cantero.
Arquitectura popular: El número 37 representa la clásica transición entre la arquitectura señorial y la popular manchega; una
casa fuerte con portón claveteado concebido para el paso de carruajes, caballerías o almacenamiento agrícola de familias con tierras en la comarca.