En Cuba pueden estar orgullosos de su historia. Cuentan que en 1959 hicieron una Revolución que, entre otras muchas cosas, acabó con el esclavismo y expulsó a un dictador que hacia de la isla una colonia estadounidense. Cuentan que, fruto de esa Revolución, la sanidad, la educación o la esperanza de vida están a la altura de los países que matan y masacran al tercer mundo. Cuentan, también, que ellos se sostienen solamente con su fuerza y su sudor, sin que nadie se ahogue en la miseria para mantener su calidad de vida.
Sin embargo, podría ser mejor y faltan recursos: es el precio que los cubanos pagan por no bombardear Iraq o Afganistán, o por no implantar multinacionales que asesinen sindicalistas en Colombia, o porque ellos mismos, los propios cubanos, sean personas antes que máquinas de generar riqueza. Más que faltar recursos sobran dignidad y valentía, y se aprende a disfrutar de la vida antes que a enfrentarse a ella.
En Cuba, la historia es necesaria. Es un bien común que les enseña el enorme valor que tiene la Revolución que sostienen día a día. La historia pura, simple, desnuda, legitima la Revolución cubana.
Una vecina curiosa.
Sin embargo, podría ser mejor y faltan recursos: es el precio que los cubanos pagan por no bombardear Iraq o Afganistán, o por no implantar multinacionales que asesinen sindicalistas en Colombia, o porque ellos mismos, los propios cubanos, sean personas antes que máquinas de generar riqueza. Más que faltar recursos sobran dignidad y valentía, y se aprende a disfrutar de la vida antes que a enfrentarse a ella.
En Cuba, la historia es necesaria. Es un bien común que les enseña el enorme valor que tiene la Revolución que sostienen día a día. La historia pura, simple, desnuda, legitima la Revolución cubana.
Una vecina curiosa.