El terrorismo no es la mayor amenaza a la que se enfrenta el mundo. Comparado con otras tendencias globales más acuciantes, se trata de un mal menor. Así lo juzga el Oxford Research Group (ORG), un prestigioso think tank británico, que acaba de publicar su informe Respuestas globales a amenazas globales. Seguridad sostenible para el siglo XXI, presentado ayer en Madrid por la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE).
El cambio climático, la lucha por los recursos, la marginación y la disparidad económica y la creciente militarización son los factores que conducirán a una «inestabilidad regional y global sustancial y a una pérdida de vidas a gran escala, ambas de una magnitud no alcanzada por otras amenazas potenciales», reza el informe. Todos ellos están interconectados y deben ser abordados en conjunto. «El cambio climático es un problema más severo que el terrorismo», señalaba el autor del informe, John Sloboda, ayer en Madrid. Las regiones que tienen más riesgos derivados de este factor son Africa, China e India. Desplazamientos masivos de población, desertificación, hambrunas y revueltas sociales provocadas por la escasez de alimentos serán efectos producidos por el cambio climático. Como soluciones, Sloboda plantea reducir las emisiones de CO2 en los próximos 10 años y apostar por las energías renovables.
Otra fuente de inestabilidad detectada por el ORG es la excesiva dependencia de los países industrializados del petróleo y el gas. El Golfo Pérsico es la región que concentra dos tercios de las reservas mundiales de crudo y es, a su vez, un gran foco de conflictos. Además, la guerra contra el terrorismo ha generado más violencia en el mundo, según los autores. La conclusión es abrumadora: «A menos que se adopten medidas urgentes entre los próximos cinco y diez años, será extremadamente difícil, si no imposible, evitar un sistema global muy inestable a mediados de este siglo».
La vecina curiosa.
El cambio climático, la lucha por los recursos, la marginación y la disparidad económica y la creciente militarización son los factores que conducirán a una «inestabilidad regional y global sustancial y a una pérdida de vidas a gran escala, ambas de una magnitud no alcanzada por otras amenazas potenciales», reza el informe. Todos ellos están interconectados y deben ser abordados en conjunto. «El cambio climático es un problema más severo que el terrorismo», señalaba el autor del informe, John Sloboda, ayer en Madrid. Las regiones que tienen más riesgos derivados de este factor son Africa, China e India. Desplazamientos masivos de población, desertificación, hambrunas y revueltas sociales provocadas por la escasez de alimentos serán efectos producidos por el cambio climático. Como soluciones, Sloboda plantea reducir las emisiones de CO2 en los próximos 10 años y apostar por las energías renovables.
Otra fuente de inestabilidad detectada por el ORG es la excesiva dependencia de los países industrializados del petróleo y el gas. El Golfo Pérsico es la región que concentra dos tercios de las reservas mundiales de crudo y es, a su vez, un gran foco de conflictos. Además, la guerra contra el terrorismo ha generado más violencia en el mundo, según los autores. La conclusión es abrumadora: «A menos que se adopten medidas urgentes entre los próximos cinco y diez años, será extremadamente difícil, si no imposible, evitar un sistema global muy inestable a mediados de este siglo».
La vecina curiosa.