No se por qué dices eso de que vivir en la plaza es un privilegio. Si por lo que comenta el triste ese de abajo los hijos de quienes viven allí están a diario en el sicólogo. No quieren ni oler el agua. Ni ducharse, ni bañarse, ni beber agua. Les recuerda a las tormentas.
Y a las bodas no quieren ir. Como lleva tiempo de moda el estilo valenciano de las celebraciones, cuando suena la traca les recuerda a los truenos. Menudo trauma.
Eso de vivir en la plaza a nadie hay que desearselo. Es demasiado malo para contarlo.
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