PEDRO MUÑOZ: A los políticos en general, y a la izquierda en particular,...

A los políticos en general, y a la izquierda en particular, la tentación totalitaria les corre por las venas mezclada a partes iguales con el intervencionismo y la ansiedad de tenerlo todo controlado. Política y omnipresencia van camino de convertirse en una misma cosa, y más aún en comunidades que, como Castilla-La Mancha, están fuertemente intervenidas por el poder establecido, que se adosa a todos los ámbitos de la sociedad civil y no los suelta. Es lo que podemos llamar el poder-lapa, todo el tiempo ahí detrás, pegado como un sabueso que persigue a su presa sin descanso.

Cuarto de siglo ininterrumpido de gobierno unilateral ha permitido al poder castellano-manchego perfeccionar sus sistemas de control político sobre una sociedad que, como consecuencia de ello, se ha ido debilitando de forma constante y progresiva hasta aparecer famélica y fantasmal, siempre bajo el paraguas de "papá-administración" y detrás del chocolate de la subvención y la prebenda. La empresa, el asociacionismo, los sindicatos, los medios de comunicación y otro puñado largo de actividades han sucumbido bajo las redes de la clase política, convertida en una casta de notables que hace y deshace sobre casi todo.

El gran hermano del poder está cada día más orondo frente a la delgadez espectral de la gente con la que uno puede encontrarse por la calle. Es lo que hay.

El último invento del sistema, todavía a tiempo de evitarse, es lo que llaman Ley de Medios Audiovisuales de Castilla-La Mancha, que no es otra cosa que una vuelta de tuerca más contra la libertad de información y de expresión, otro botón de muestra para que todos nos enteremos de lo que hay que enterarse. A saber: quién es el que manda aquí y cuáles son las reglas de un juego en el que uno de los contendientes ya ni siquiera oculta que sus cartas están marcadas y piensa ganar la partida sí o sí. El monstruo de la política abusona y desmesurada engullendo a manos llenas a sus siervos los corderitos de ahí abajo. Y, además, con nocturnidad preelectoralera y a toda pastilla en este final de legislatura. Castellano-mancheguito que vienes al mundo, te guarde Dios.

Si esta ley se perpetra en las Cortes castellano-manchegas, don Fernando López Carrasco no lo quiera, al día siguiente seremos los ciudadanos de esta tierra un poco -un mucho- menos libres, con especial daño para los medios de comunicación públicos, esos que pagamos entre todos -y no sólo los que votan al gobierno- y a los que, ya sin esconderse, se pretende hundir todavía más en el pozo del servilismo político, la mansedumbre institucional y el sectarismo ideológico en el que andan sumidos desde tiempos que ni se recuerdan. Una ley de costa a costa impresentable.

El presidente Barreda, y con él los promotores de esta idea nefanda, tal vez tendrían que pensárselo dos veces. O incluso tres.
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