La vida sigue igual la la la
Dicen, algunos interesados en decirlo, que el pueblo crece. Sí, crece en pisos cada vez más altos, que enriquecen a unos pocos. (A mí no, ni siquiera puedo soñar con comprarme uno). Lo demás sigue todo igual. A saber:
Los alcaldes siguen utilizando el ayuntamiento, que mantenemos todos con nuestros dineros, para intercambios de favores, manipulando y saltándose las leyes a gusto para beneficiarse y dejar familiares y amigos bien colocados o con sus empresas bien enriquecidas. Los políticos, por eso, siguen matándose por llegar al poder: insultos, amenazas, mentiras, chanchullos: lo que haga falta.
El resto, los que les pagamos, la mayoría seguimos teniendo que ir por ahí a ganarnos el pan a saber cómo y donde Cristo perdió el gorro, hasta que terminemos por irnos definitivamente a otro sitio, a la otra orilla, al otro barrio, a donde sea por no seguir aguantando ya tanto. Claro que unos nos iremos, y otros, que hablan otros idiomas y forman sus propios clanes, vendrán... Y no se aguantarán.
Seguimos recibiendo ese periodicucho, que pagamos todos, donde los alcaldes se promocionan para seguir ahí, beneficiándose. Mucho periódico, pero seguimos sin saber, en cifras, a donde van nuestros dineros y las ayudas que vienen a nuestro pueblo.
Seguimos esperando colas en los puestos de verdura del rastro; esperando a que venga de tomar su café el que nos tiene que atender en el ayuntamiento y que es de todos los partidos políticos que haga falta, mientras que no le falte su puesto-chollo; esperando la necesitada cita con el médico hasta que te hayas curao o te hayas muerto...
Dicen, algunos interesados en decirlo, que el pueblo crece. Sí, crece en pisos cada vez más altos, que enriquecen a unos pocos. (A mí no, ni siquiera puedo soñar con comprarme uno). Lo demás sigue todo igual. A saber:
Los alcaldes siguen utilizando el ayuntamiento, que mantenemos todos con nuestros dineros, para intercambios de favores, manipulando y saltándose las leyes a gusto para beneficiarse y dejar familiares y amigos bien colocados o con sus empresas bien enriquecidas. Los políticos, por eso, siguen matándose por llegar al poder: insultos, amenazas, mentiras, chanchullos: lo que haga falta.
El resto, los que les pagamos, la mayoría seguimos teniendo que ir por ahí a ganarnos el pan a saber cómo y donde Cristo perdió el gorro, hasta que terminemos por irnos definitivamente a otro sitio, a la otra orilla, al otro barrio, a donde sea por no seguir aguantando ya tanto. Claro que unos nos iremos, y otros, que hablan otros idiomas y forman sus propios clanes, vendrán... Y no se aguantarán.
Seguimos recibiendo ese periodicucho, que pagamos todos, donde los alcaldes se promocionan para seguir ahí, beneficiándose. Mucho periódico, pero seguimos sin saber, en cifras, a donde van nuestros dineros y las ayudas que vienen a nuestro pueblo.
Seguimos esperando colas en los puestos de verdura del rastro; esperando a que venga de tomar su café el que nos tiene que atender en el ayuntamiento y que es de todos los partidos políticos que haga falta, mientras que no le falte su puesto-chollo; esperando la necesitada cita con el médico hasta que te hayas curao o te hayas muerto...