Murió de muerte matada
Los policías que asesinaron a Germán Rodríguez en la plaza de toros de Pamplona siguen impunes 27 años después del crimen
Jesús Prieto
Insurgente
El 8 de julio de 1978, al finalizar la tradicional corrida sanferminera, una compañía de policías antidisturbios entró en el ruedo pamplonés tras haberse desplegado una pancarta reivindicativa en los tendidos. Lo hicieron salvajemente, a sangre y fuego, cargando contra quienes se disponían a salir, disparando a discreción y arrollando a cualquiera que se les pusiese por delante. La gente se refugió de nuevo en las gradas y desde allí se defendió como pudo, lanzando botellas y almohadillas a los agresores uniformados, hasta que las Fuerzas de Seguridad del Estado (del Estado, no del pueblo) se retiraron. Para entonces, ya habían asesinado a Germán Rodríguez, que yacía con un balazo en la cabeza.
Germán Rodríguez militaba en la LKI (Liga Comunista Revolucionaria).
Cuando la gente consiguió salir de la plaza, la noticia de su asesinato ya había corrido como un reguero de pólvora y los incidentes con la Policía fueron constantes.
Hubo alrededor de cien heridos, diez de ellos de bala y los sanfermines se suspendieron.
Jamás se supo quién dio la orden de entrar en la plaza ni quién mató a Germán. Supuestamente, se inició una investigación, que nunca dio resultados. Como tantas veces, nadie fue castigado ni destituido: ni los mandos policiales ni el gobernador civil. El de Germán es, todavía, un crimen impune.
Murió de muerte matada.
Los policías que asesinaron a Germán Rodríguez en la plaza de toros de Pamplona siguen impunes 27 años después del crimen
Jesús Prieto
Insurgente
El 8 de julio de 1978, al finalizar la tradicional corrida sanferminera, una compañía de policías antidisturbios entró en el ruedo pamplonés tras haberse desplegado una pancarta reivindicativa en los tendidos. Lo hicieron salvajemente, a sangre y fuego, cargando contra quienes se disponían a salir, disparando a discreción y arrollando a cualquiera que se les pusiese por delante. La gente se refugió de nuevo en las gradas y desde allí se defendió como pudo, lanzando botellas y almohadillas a los agresores uniformados, hasta que las Fuerzas de Seguridad del Estado (del Estado, no del pueblo) se retiraron. Para entonces, ya habían asesinado a Germán Rodríguez, que yacía con un balazo en la cabeza.
Germán Rodríguez militaba en la LKI (Liga Comunista Revolucionaria).
Cuando la gente consiguió salir de la plaza, la noticia de su asesinato ya había corrido como un reguero de pólvora y los incidentes con la Policía fueron constantes.
Hubo alrededor de cien heridos, diez de ellos de bala y los sanfermines se suspendieron.
Jamás se supo quién dio la orden de entrar en la plaza ni quién mató a Germán. Supuestamente, se inició una investigación, que nunca dio resultados. Como tantas veces, nadie fue castigado ni destituido: ni los mandos policiales ni el gobernador civil. El de Germán es, todavía, un crimen impune.
Murió de muerte matada.