Un sevillano dormita con su perro galgo al lado, que también está adormecido. Por delante de ellos pasa una liebre corriendo. Alos diez minutos, el galgo ladra:
¡Guau!
Pasan otros diez minutos y el andaluz replica:
¡Quieeeeto raaaayo!
¡Guau!
Pasan otros diez minutos y el andaluz replica:
¡Quieeeeto raaaayo!