Enciendo mi vela, pido por los pachuchillos y me marcho a la camita.
Besos.
Dejasteis las velas encendidas y, ya veis, así continúan. He cerrado un poco la
puerta para apartarlas de las corrientes de aire, que no se apaguen.
Mientras os desperezáis voy a enfundarme el chándal.
Feliz jornada.