Bueno foreros, tras un relato nostálgico y melancólico, voy a escribir algo más alegre.
Este tiempo de atrás viendo mensajes sobre anécdotas sobre D. Francisco Paz, me vino a la mente un de ellas y que más de uno recordará cuando la lea.
Estaba Sixto (hermano de Benitín) y alguien más que ahora no recuerdo, aunque uno de ellos creo que era su hermano Miguel, estaban jugando por la zona donde ellos vivían y había una burra atada debajo de una encina. Al jodío Sixto, no se le ocurre otra cosa que coger un cardo borriquero y pasárselo a la burra por sus partes femeninas ¡qué fisno queda!, ¿verdad?, hasta que la burra se hartó y le pegó una coz en plena cara. El pobre Sixto se quedó sin conocimiento y no sé de dónde, la Fernanda (su madre), cogió un carrillo de esos de llevar los cántaros de agua desde la fuente a las casas, (es decir una ambulancia diogenera), y corriendo para la casa de D. Francisco. No sé cuántos puntos o lañas le tuvo que poner en el labio por dentro, y gracias a Dios que sólo se quedó en eso, porque "pa haberlo matao".
Me imagino que desde entonces no se le habrá ocurrido hacerle acoso o tirarle los tejos a ninguna burra.
¡La verdad es que de pequeños se nos ocurría cada cosa!.
Un saludo para todos.
Este tiempo de atrás viendo mensajes sobre anécdotas sobre D. Francisco Paz, me vino a la mente un de ellas y que más de uno recordará cuando la lea.
Estaba Sixto (hermano de Benitín) y alguien más que ahora no recuerdo, aunque uno de ellos creo que era su hermano Miguel, estaban jugando por la zona donde ellos vivían y había una burra atada debajo de una encina. Al jodío Sixto, no se le ocurre otra cosa que coger un cardo borriquero y pasárselo a la burra por sus partes femeninas ¡qué fisno queda!, ¿verdad?, hasta que la burra se hartó y le pegó una coz en plena cara. El pobre Sixto se quedó sin conocimiento y no sé de dónde, la Fernanda (su madre), cogió un carrillo de esos de llevar los cántaros de agua desde la fuente a las casas, (es decir una ambulancia diogenera), y corriendo para la casa de D. Francisco. No sé cuántos puntos o lañas le tuvo que poner en el labio por dentro, y gracias a Dios que sólo se quedó en eso, porque "pa haberlo matao".
Me imagino que desde entonces no se le habrá ocurrido hacerle acoso o tirarle los tejos a ninguna burra.
¡La verdad es que de pequeños se nos ocurría cada cosa!.
Un saludo para todos.