Ya veremos, Guada. A este paso llegan los turrones y ni un
hongo para saborear. ¡Con lo ricos que están a la plancha sobre la estufa! Mi padre, cuando la estufa estaba al rojo vivo, ponía unos cuantos sobre la misma, les echaba unos granos de sal y desprendían un olorcito...
¡Qué me voy a dormir, caramba!