Hola Nietuca; no me extraña que hables de Oslo con total normalidad y que para vosotros sea algo cotidiano esas temperaturas. Vienen a mi memoria las mañanas invernales en
Mina Diógenes, cuando asomabas a la
calle y se veían todos los
campos blancos, como si hubiera caído una
nevada durante la
noche y los cubos del
patio con una capa de hielo. Mi padre decía que era muy sano romper el hielo y lavarse con esa
agua. ¡Brrrr! ¡Qué frío! ¡Anda, con lo calentitos que estamos ahora con tanta calefacción!
Un
... (ver texto completo)