En días tan calentitos como los que nos están haciendo ahora en mi
casa de Diógenes y todas las de la
calle que tenían el
tejado negro, en el hueco del día empezaban a caer unos chorreones de alquitrán grandísimos del tejado, cuando refrescaba y salíamos a la
puerta si nos sentábamos en las gradas quedábamos pegados, cuando te levantabas se te quedaba el alquitrán en la ropa, la ropa que se manchaba ya no servía, había que tirarla, cuántas regañinas nos echaba mi madre por sentarnos sin mirar.
Con
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