Se acude a la biología para caracterizar a las mujeres, instrumento que sirve la mayoría de las ocasiones para infravalorarlas o para, en contraposición, elevarlas a los altares o sacralizarlas. Por naturaleza se nos atribuye la debilidad, la inestabilidad. Esto hace que se nos considere sujetos de segunda clase, necesitadas de tutelaje por parte del hombre (“¡las mujeres y los niños primero!”). Somos vistas como objetos de apropiación a las que cuidar y proteger, y en el mejor de los casos, motores ... (ver texto completo)