¡Por fin! Tras cinco semanas y un día de peregrinar por la fundación de un pueblo, el establecimiento de su Ley, su auge, su caída, su poesía, sus profecías y su sabiduría, he avistado en la bruma el camino del Galileo. Ya ha llegado a la orilla del Jordán, y ya la paloma ha descendido sobre Él. Ya viene a cumplir la Ley y a salvarnos de la misma..., de la maldición del pecado. Ya oigo sus palabras y voy tras sus huellas...
¡Dios mío, qué felicidad! ¡Ya siento su voz en mi alma!
Gracias, amigos ... (ver texto completo)
¡Dios mío, qué felicidad! ¡Ya siento su voz en mi alma!
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