Como azogue discurre nuestro paso por este mundo,
fugaz, rápido, pesado, brillante, escurridizo,
apto para fusionarse,
o susceptible
de en mil pedazos fraccionarse.
Como la
piedra del cinabrio nuestra sangre,
roja, bermellón, dura, consistente
en función de la demanda fluye,
en la mena del corazón latente.
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