Esa impresionante alfombra blanca que cubre las zonas bajas no es
niebla común, sino un
mar de nubes formado por estratocúmulos. Este fenómeno se genera gracias a los vientos alisios, que empujan el aire húmedo del océano contra las laderas del norte de la isla. Al chocar con la altitud de las
montañas, el aire se condensa. Como en las capas superiores del
parque (por encima de los 2.000 metros) el aire es más seco y cálido, se produce una inversión térmica que actúa como un "techo" invisible. Esto impide que las nubes sigan subiendo, dejándolas atrapadas abajo y creando la ilusión óptica de estar flotando sobre un océano esponjoso. En el plano medio de la
fotografía, justo antes de que el terreno se hunda bajo el
manto blanco, destaca una zona con tonalidades rojizas, cobrizas y oscuras.