Su población, sin duda escasa entre los siglos XV-XVI, evolucionará desde los 440 vecinos de 1676 a los 828 de 1688, manteniéndose prácticamente estancada hasta la década de los años setenta del s. XVIII. La brutal erupción del Timanfaya, entre 1730-1735, arrasará la mayoría de los pequeños asentamientos y forzará a la emigración de la inmensa mayoría de sus pobladores.