En febrero de 1861 tiene lugar un hecho curioso en una
casa de
Tahíche concretamente en la del vecino Antonio Betancort, sobre las doce de la
noche varios individuos colocaron alrededor de su casa unos paredones; esta acción se piensa que estuvo relacionada con algunas creencias brujeriles de la época; este acto se encuentra registrado en un manuscrito firmado por Francisco Barreto.