Está convertida en una atracción turística de gestión privada. Vivir en ella sería muy complicado, demasiadas subidas y bajadas y las
escaleras muy estrechas. El espacio que hoy se visita nació en los años noventa como
casa familiar, concebida por la arquitecta Beatriz Van Hoff junto a Dominik von Boettinger, e integrada cuidadosamente en una antigua cantera volcánica. Su diseño sigue la forma natural de la
roca y se desarrolla a través de
pasadizos,
terrazas,
miradores y estancias excavadas en el
paisaje. Con el tiempo, lo que comenzó como un hogar se convirtió en una obra colectiva, transformada por artesanos, colaboradores y creadores locales.