Aquí la luz entra por lucernarios y
patios, dibujando
sombras móviles a lo largo del día; por eso cada giro ofrece un encuadre distinto entre
roca, blanco y
cielo. En mi caso, este tramo fue el que más me invitó a bajar el ritmo y mirar detalles: texturas de la
piedra, maderas recuperadas y pequeñas
hornacinas. Dentro hay
tienda,
bar y
restaurante Lagomar, popular para cenas y copas en
terraza. En mis visitas, suele caer cervecita en la
cafetería y parada en la tienda. Si planeas cenar, reserva y confirma horario (puede variar, y algunas
noches hay
música o eventos).