El mito forma parte del encanto; tómalo como folklore turístico que acompaña a una
casa singular. La visita se disfruta igual centrándote en la experiencia espacial y los detalles constructivos. La “
escuela”
lanzaroteña se reconoce en las curvas, los
patios resguardados, el
agua como hilo conductor y un blanco que dialoga con la lava. Esa coherencia estética es la que hace que Lagomar “respire isla” en cada estancia.