Lo que me sorprendió fue descubrir que la
casa está incrustada en la
montaña y vinculada a la inspiración de César Manrique y el trabajo de Jesús Soto: es un lugar para recorrer sin prisa y mirar con calma. La leyenda dice que el actor se enamoró del lugar y que lo perdió en una partida de bridge. Más allá del relato, lo memorable es la integración con el
paisaje:
cuevas,
pasadizos, lucernarios y
terrazas que miran a
Nazaret.