Las colaboraciones entre Manrique y Soto no se produjeron exclusivamente en el proyecto de Lagomar, sino que juntos contribuyeron a la creación de algunos de los
monumentos más icónicos de la isla, como, por ejemplo, el
Jardín de
Cactus o el
Mirador del
Río. Lagomar refleja perfectamente el espíritu de César Manrique, un artista que siempre buscó alcanzar la plena integración entre
arte y
naturaleza. Se trata de un binomio presente en toda su obra y, de hecho, obtendría por su legado arquitectónico y por la defensa de los valores medioambientales de
Lanzarote el
Premio Europa Nostra (1985), así como el Premio Mundial de Ecología y Turismo (1987).