Aunque la cultura rural de
Lanzarote es el principal referente, Manrique armoniza el reconocimiento a las
costumbres agrícolas y arquitectónicas de la isla con la sensibilidad estética propia de la segunda mitad del XX. La coherente conjugación de
tradición y modernidad es una de las pautas que se repiten en un autor capaz de coordinar con soltura ámbitos diferentes:
arte y
naturaleza, intervenciones espaciales y conservación medioambiental, artes plásticas y
arquitectura, turismo y ecología…