La
historia de
Masdache, un pequeño
pueblo en
Tías,
Lanzarote, está intrínsecamente ligada a las erupciones volcánicas de Timanfaya (1730-1736), asentándose sobre fértiles suelos volcánicos que permitieron el cultivo de viñas y legumbres, haciéndolo famoso por su vino local y sus
bodegas. Originalmente una aldea, su nombre podría derivar de términos guanches o incluso de una expresión francesa relacionada con el apio, aunque su desarrollo posterior se consolidó con las
casas de hacendados locales, siendo hoy un lugar pintoresco conocido por su
paisaje de lava y
tradiciones vitivinícolas.