En 1581, como en los años previos, la brujería era entendida como aquellos rituales celtas en los que se cocinaban hierbas naturales, pócimas del amor, se hacía uso de los
órganos de los animales para curar enfermedades, amoríos o, incluso, lograr descendencia. Sin embargo en la Inquisición, Lucía fue llevada a
Gran Canaria y quemada viva en la
hoguera.