Esta creencia está en sintonía con la de los aborígenes que esperaban a sus difuntos como nubecitas de allende el
mar. Este término geográfico no aparece recogido en las
fuentes clásicas de la historiografía canaria (Abreu Galindo, Torriani, Marín de Cubas). Leonardo Torriani, que realiza un completo
mapa de
Lanzarote, no registra el topónimo
Femés, circunstancia que se vuelve a repetir en la Planta de la Isla de Lanzarote que Pedro Agustín del Castillo levanta en 1686.