Y es que, en
Valldemossa, no hay nada que deje indiferente al visitante, desde la
arquitectura popular armoniosa hasta la gastronomía exquisita, representada por las deliciosas cocas de patata. Los primeros viajeros a la isla fijaron su brújula en un enclave en plena
sierra Tramuntana que, desde entonces, ha sido sinónimo de buena vida y relax.