En la fundación, el rey Martín hizo donación del
palacio real que tenía en
Valldemossa empezado a construir por Jaime II de
Mallorca (1276-1311) y terminado por su hijo Sancho I (1311-1324), que en ese momento se encontraba en desuso. Su primer prior fue Pere Despujol, nombrado en el Capítulo General cartujano de 1400. Inicialmente, la comunidad se adaptó a la residencia real, seguramente los monjes no disponían de los espacios de celdas que requieren las
costumbres de esta orden.